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Attacks on International Peace Workers

Las Cartas de Raquel

Rachel’s Letters in English | Rachel'ın Mektupları

Rachel Corrie in High School Rachel sitting down with a contemplative expression on her face. Rachel as a child.

Raquel Corrie
1979-2003

Traducido por Felipe Orobón
Dedicado a la familia de Raquel Corrie

En el 16to de marzo, 2003, Raquel Corrie, una trabajadora estadounidense por derechos humanos, de 23 años de edad, fue aplastado a la muerte por una excavadora militar israelí. Ella estaba tratando de prevenir el ejército israelí de destruir el hogar de un médico y su familia en la Tira de Gaza, Palestina.

En una serie notable de correos electrónicos a su familia, ella explicó por qué ella se arriesgaba su vida.

7 de febrero de 2003

Queridos amigos, familia y todos:

Llevo ahora mismo en Palestina dos semanas y una hora, y aún me cuesta juntar palabras para describir lo que veo. Tengo grandes dificultades para pensar sobre lo que aquí sucede cuando me siento a escribir para alguien en los Estados Unidos; es como si estuviera ante la puerta virtual de entrada al lujo. No sé si hay muchos niños aquí que hayan podido vivir sin huellas de disparos de tanque en los muros de su casa, o sin las torres de tiro de un ejército ocupante vigilándoles continuamente desde el próximo horizonte. No estoy completamente segura, pero creo que hasta el más pequeño de estos niños comprende que la vida no es así en todas partes. Un tanque israelí abrió fuego y mató a un chaval de ocho años dos días antes de que yo llegase, y muchos niños me murmuran su nombre, “Ali”, o señalan los carteles con su fotografía en las paredes. También les gusta hacerme practicar el poco árabe que conozco, me preguntan “Kaif Sharon?”, “Kaif Bush?”, y se ríen cuando contesto “Sharon majnun”, “Bush majnun” (¿cómo está Sharon, cómo está Bush? Sharon está loco, Bush está loco).

Claro, no es exactamente lo que yo pienso; alguno de los adultos que saben inglés me corrige: Bush mish majnun...Bush es un hombre de negocios. Hoy intenté aprender a decir “Bush es la herramienta”, pero parece que la traducción no cuadra del todo. De todas formas, hay aquí criaturas de ocho años más conscientes del funcionamiento de las estructuras globales de poder, al menos respecto a Israel, que yo hasta hace poco.

Así y todo, pienso que ni textos, ni conferencias, ni documentación ni informes orales directos por abundantes que fueran me hubieran preparado bien para vivir esta realidad. Es imposible de imaginar, a no ser que se vea con los propios ojos, y aún así eres consciente de que tu experiencia personal no refleja en absoluto la realidad: porque el ejército israelí sufriría consecuencias si le dispara a un ciudadano estadounidense desarmado, porque yo tengo dinero para comprar agua si los soldados destruyen los pozos, y sobre todo porque tengo la opción de salir del país. En mi ciudad natal no han matado a nadie de mi familia cuando iba sentado en su coche, lanzándole un misil desde una torre plantada al final de una avenida. Tengo un hogar. Puedo ir a ver el mar. Evidentemente sería bastante difícil encarcelarme durante meses o años sin juicio (gracias al hecho de ser ciudadana estadounidense y blanca, al contrario que muchos).

Cuando voy a la escuela o a trabajar puedo estar bastante segura de que, a medio camino entre Mud Bay y el centro de Olympia, no veré a ningún soldado armado hasta los dientes apostado en un control, con el poder de decidir si me deja pasar y si me dejará volver cuando yo acabe. Así, si por un lado siento la indignación que provoca llegar y ver—aunque sea una visión breve e incompleta—el mundo en el que existen estos niños, por otro lado pienso en cómo sería para ellos vivir en mi propio mundo.

Saben que para un niño estadounidense no es normal que disparen a sus padres, y que puede acercarse a ver el mar. Pero una vez que has visto el mar y has vivido en un sitio tranquilo, donde el agua es un derecho que no te roban por la noche las excavadoras, y una vez que has pasado una noche sin tener que preguntarte si no te despertarás con los muros de tu casa derrumbándose sobre ti, y una vez que has encontrado a personas que no han perdido a ningún ser querido, una vez que has vivido otra realidad no rodeada por torres mortíferas, tanques, “colonias” armadas y últimamente un gigantesco muro metálico, me pregunto si podrás perdonarle al mundo todos los años de tu infancia que has pasado procurando mantenerte vivo—simplemente vivo—para resistir a la continua opresión del cuarto ejército del mundo, que apoyado por la única superpotencia militar del planeta intenta expulsarte de tu tierra. Es lo que me pregunto sobre estos niños. Me pregunto lo que sucedería si pudieran comprobarlo.

Para acabar con todas estas disgresiones: me encuentro en Rafah, ciudad de unos 140.000 habitantes, de los cuales aproximadamente un 60 por ciento son refugiados, algunos de ellos por tercera o cuarta vez. Rafah ya existía antes de 1948, pero la mayoría de los actuales habitantes son o los propios expulsados o descendientes de los expulsados de sus antiguos territorios en la Palestina histórica, lo que ahora es Israel. Para devolver la península del Sinaí a Egipto, Rafah fue dividida en dos.

En estos momentos, el ejército israelí está erigiendo un muro de catorce metros de altura entre la Rafah palestina y la frontera, y despejando una franja como tierra de nadie desde las casas situadas en la frontera hacia el interior. Según datos del Comité Popular de Refugiados de Rafah, seiscientas y dos casas han sido totalmente aplanadas por las excavadoras, y la cifra de hogares con destrozos parciales es aún mayor.

Hoy, cuando caminaba por encima del montón de escombros que una vez fueron casas, escuché voces de soldados egipcios desde el otro lado de la frontera: “Go!, Go!”—se aproximaba un tanque. Manos agitadas en señal de saludo y “what´s your name?”. Hay algo incómodo en esta curiosidad amistosa. Me recordó que todos los niños sentimos curiosidad por otros, ya sean niños egipcios que avisan a voces a unas mujeres extrañas para que no se adentren por la senda de los tanques, niños palestinos a quienes esos tanques disparan cuando se asoman tras los muros a mirar lo que sucede, o niños internacionales que se ponen antes los mismos tanques con sus pancartas.

Niños israelíes de los tanques, anónimos, que en ocasiones hablan y a veces hasta saludan con la mano, muchos obligados a estar aquí, muchos simplemente agresivos, que comenzaron a disparar al interior de las casas cuando nos alejamos.

Además de la permanente presencia de tanques a lo largo de la frontera y al oeste de Rafah, entre las colonias y la costa, hay aquí incontables torres militares en cualquier punto del horizonte, al final de cualquier calle. Algunas están hechas con simples elementos de metal verde del ejército, otras son unas extrañas escaleras de caracol envueltas en tela para ocultar la actividad en su interior. Algunas están ocultas, justo por debajo de la línea de los edificios. El otro día construyeron una en el tiempo que nos llevó hacer la colada y cruzar la ciudad dos veces para poner pancartas.

Aunque algunas de las zonas próximas a la frontera pertenecen a la Rafah original y están habitadas por familias que han vivido aquí durante más de un siglo, sólo los campamentos de 1948 situados en el centro de la villa de Rafah son zonas bajo control palestino conforme a los acuerdos de Oslo. A pesar de ello, no se ven—si es que existen—sitios que no caigan bajo la vigilancia de una u otra torre de tiro, y desde luego no hay ningún lugar invulnerable a los helicópteros Apache o a las cámaras de los artefactos invisibles no tripulados que se oyen zumbar sobre la ciudad durante horas y horas.

Es difícil informarse sobre el mundo exterior desde aquí, pero escucho que la escalada de la guerra contra Iraq parece inevitable. Son muchos los preocupados por una eventual “reocupación de Gaza”. Gaza está reocupada militarmente todos los días en diversos grados, pero creo que lo que la gente teme es que los tanques entren en todas las calles y se queden aquí, en lugar de pasar por algunas calles, retirarse al cabo de horas o días, y quedarse luego observando—y disparando—desde los límites de las poblaciones. Si no hemos pensado aún en las consecuencias de la guerra para los pueblos de toda esta región, espero que empecemos a hacerlo.

Y también espero que vengáis. Solemos ser unos cinco o seis internacionales. Los vecindarios que nos han pedido algún tipo de presencia son los de Yibna, Tel El Sultan, Hi Salam, Brazil, Block J, Zorob y Block O. También es necesaria una presencia nocturna permanente en un pozo situado a las afueras de Rafah, desde que el ejército israelí destruyera los dos pozos más grandes.

Según datos de la oficina municipal de aguas, los dos pozos destruidos la semana pasada producían la mitad del agua necesaria para Rafah. Muchas localidades han pedido también a los internacionales una presencia nocturna para proteger casas contra las demoliciones. Pasadas las diez de la noche resulta muy difícil moverse, porque el ejército israelí considera a todo el que se mueva por la calle miembro de la resistencia, y le dispara. Así es que es evidente que somos demasiado pocos.

Continúo pensando que Olympia, mi ciudad natal, podría enriquecerse mucho y ayudar mucho si decidiera hermanarse con Rafah. Algunos maestros y grupos de niños han mostrado interés por intercambiar correo electrónico, y eso sólo sería la punta del iceberg del enorme trabajo de solidaridad que sería posible hacer.

Muchos quieren hacer oír su voz, y pienso que hemos de utilizar parte de nuestros privilegios como internacionales para que ésta llegue directamente a los EE UU sin pasar por el filtro de internacionales bienintencionados, como yo. Apenas comienzo a darme cuenta, como parte de todo lo que espero aprender, de la capacidad que tiene aquí la gente para organizarse contra la adversidad, y para resistir a toda adversidad.

Gracias por las noticias que me transmiten algunos amigos de EE UU. Acabo de leer el informe de un compañero que organizó un grupo por la paz en Shelton, Washington, llegando a asistir a la gran manifestación del 18 de enero en Washington DC.

Los habitantes de aquí escuchan las noticias, y me han vuelto a decir que ha habido grandes manifestaciones de protesta en los EE UU, y también “problemas para el gobierno” en Gran Bretaña. Gracias por no hacerme sentir un completo mutante cuando les cuento que muchos estadounidenses no apoyan la política de nuestro gobierno, y que estamos aprendiendo a resistir a partir de ejemplos en todo el planeta.

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20 de febrero de 2003

Mamá:

El ejército israelí ha levantado el firme de la carretera a Gaza, y los dos puntos de control principales están cerrados. Ello significa que los palestinos que quieran matricularse para el próximo trimestre en la universidad no podrán hacerlo. La gente no puede acudir a su trabajo, los atrapados en el otro lado no podrán volver a sus hogares, y los internacionales, que teníamos mañana una reunión en Cisjordania, no la haremos. Quizás podríamos llevarla a cabo si recurriéramos seriamente a nuestro privilegio como personas blancas e internacionales, pero eso conllevaría también algún riesgo de arresto y deportación, aun cuando ninguno de nosotros haya cometido nada ilegal.

Así pues, la franja de Gaza se encuentra ahora dividida en tres. Se sigue hablando de la “reocupación de Gaza”, pero dudo seriamente que se haga realidad: sería en este momento geopolíticamente estúpido para Israel. Creo que lo más probable es que se incrementen las incursiones menores, que no provocan escándalo internacional, y posiblemente los “traslados de población”, que suelen camuflarse.

Sigo sin moverme de Rafah por ahora, sin planes para ir más hacia el norte. Sigo sintiéndome relativamente segura, y creo que el riesgo más probable para mí en caso de invasión a gran escala sería la detención. La decisión de reocupar militarmente Gaza generaría un escándalo mucho mayor que la estrategia de Sharon de socavar las negociaciones de paz, que funciona muy bien y consiste en crear colonias judías por todas partes, eliminando poco a poco pero inapelablemente toda posibilidad significativa de autodeterminación palestina. Sabes, hay un montón de gente palestina maravillosa que me cuida: tuve un pequeño asomo de gripe, y me dieron unos zumos de limón estupendos para curarme. La mujer que guarda las llaves del pozo donde continuamos durmiendo siempre me pregunta por ti. No habla ni palabra de inglés, pero me pregunta con frecuencia por mi madre, para estar segura de que te llamo.

Os quiero a ti, a papá, a Sarah, a Chris y a todo el mundo.

Raquel

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27 de febrero de 2003

(A su madre)

Te quiero. Te echo mucho de menos. He tenido pesadillas sobre tanques y excavadoras alrededor de casa, con nosotras dos dentro. A veces la adrenalina te anestesia durante semanas, y luego te lanza una descarga por la tarde o por la noche, y te hace ver un poco la realidad de la situación. Siento un miedo real por los nativos. Ayer vi a un padre que tomaba de la mano a sus dos hijos pequeñísimos y pasaba con ellos delante de los tanques, la torre de tiro, las excavadoras y los jeep, porque pensaba que le iban a dinamitar la casa. Jennie y yo nos quedamos dentro, junto con varias mujeres y dos bebés. Un error nuestro de traducción hizo pensar a aquel hombre que iban a hacer saltar su casa. De hecho, el ejército israelí estaba intentando detonar una carga explosiva en un solar cercano, presuntamente colocada por la resistencia palestina.

Esto sucede en la misma zona exterior de la colonia donde el domingo los soldados cercaron y retuvieron a 150 personas, disparando por encima y en derredor suyo mientras los tanques y las excavadoras destruían 25 invernaderos, el medio de subsistencia de 300 personas. La carga explosiva se encontró justo enfrente de esos invernaderos, exactamente en el punto de acceso ideal para que los tanques puedan volver al lugar en el futuro. Yo vi con horror cómo aquel hombre consideraba menos arriesgado pasar con sus hijos por delante de los tanques que permanecer dentro de la casa. Sentí realmente miedo de que los matasen a todos, e intenté colocarme entre ellos y el tanque. Escenas así suceden todos los días, pero ver caminar a ese hombre con sus dos hijos, tan entristecido, me llegó al alma en ese momento particular, quizás por pensar que nuestra mala traducción era la que le había hecho salir.

He reflexionado mucho sobre lo que me dijiste por teléfono en cuanto a la violencia palestina contraproducente. Hace dos años trabajaban en Israel 60.000 personas de Rafah. Hoy, tan sólo 600 tienen un empleo en Israel. Y de esas 600 muchas han cambiado domicilio, porque los tres puntos de control existentes entre Rafah y Ashkelon (la ciudad israelí más cercana) han convertido lo que era un trayecto de cuarenta minutos en un viaje de 12 horas, o en algo imposible de realizar. Además, los factores de crecimiento económico que aún existían en 1999 en Rafah están completamente destruidos: el aeropuerto internacional de Gaza (con las pistas demolidas y totalmente cerrado); la antigua frontera para el comercio con Egipto (ahora tiene una gigantesca torre de tiro en medio del paso); el acceso al mar (completamente bloqueado en los últimos dos años por un puesto de control y por la colonia de Gush Katif). La cifra de hogares destruidos en Rafah desde el inicio de esta intifada es de unos 600; con frecuencia, se trata de personas sin relación alguna con la resistencia, pero que vivían al lado de la frontera. Pienso que quizás ya se sabe oficialmente que Rafah es el lugar más miserable del mundo. Hasta hace poco, existía una clase media. Nos han contado también que los antiguos cargamentos marítimos de flores de Gaza se retrasaban dos semanas en Erez para inspecciones de seguridad. Podéis imaginaros el valor que tienen flores que llevan cortadas dos semanas en los mercados europeos; así acabó el negocio. Y a continuación llegan las excavadoras y destrozan huertas y frutales. ¿Qué le queda a esta gente? Decidme si se os ocurre algo. A mí no.

Si cualquiera de nosotros tuviera vida y su bienestar completamente aplastados, se viera obligado a vivir con sus hijos en un lugar cada vez más reducido y supiera por experiencia que en cualquier momento pueden aparecer soldados con tanques y excavadoras para destrozar los invernaderos que ha estado cultivando no importa desde hace cuánto, mientras que te golpean y te mantienen retenido junto a otros 149 durante horas y horas, ¿no crees que seríamos capaces de recurrir a medios violentos para intentar conservar lo poco que se pueda? Pienso así sobre todo cuando veo huertos, invernaderos y frutales destruidos, tras años de cuidados y cultivos. Pienso en ti, en el tiempo y el amor que cuesta hacer crecer las cosas. De verdad, pienso que la mayoría de las personas se defendería lo mejor que pudiera en una situación semejante. Creo que el tío Craig lo haría, que la abuela probablemente lo haría. Creo que yo misma lo haría.

Me hablas de resistencia no violenta.

La carga explosiva que detonó ayer rompió todos los cristales de la casa familiar en la que me encontraba. En ese momento, me estaban sirviendo el té mientras yo jugaba con los dos bebés. Lo estoy pasando mal: se me revuelve el estómago de ver con qué cariño me trata y me obsequia una gente que está enfrentando el aniquilamiento. Ya sé que desde Estados Unidos todo esto puede sonar a exageración. Pero sinceramente, muchas veces la sencilla amabilidad de la gente de aquí, junto con la evidencia abrumadora de la destrucción premeditada de sus vidas, hace que todo me parezca irreal. No puedo creer realmente que algo así esté sucediendo sin un escándalo mayor. Una vez más, como otras veces, me hace un daño real ser testigo de lo horrible que podemos hacer al mundo. Después de hablar contigo, sentí que quizá no me estabas creyendo del todo, y pienso ahora que en verdad es mejor que no lo hagas, porque por encima de todo yo creo en la importancia que tiene el espíritu crítico e independiente. Y también me doy cuenta de que contigo soy mucho menos rigurosa de lo habitual para intentar justificar cualquier cosa que yo afirme, lo que se debe en buena parte al hecho de saber que tú buscas desde luego tu propia información. Pero me preocupo por el trabajo que estoy haciendo. Toda la situación que he intentado resumir, con otros muchos factores, refleja la intención de eliminar y destruir progresivamente—de manera a menudo oculta, pero así y todo brutal—las posibilidades de supervivencia para un grupo de seres humanos. Eso es a lo que estoy asistiendo. Los asesinatos, ataques con misiles y disparos sobre niños son atrocidades, pero aún denunciándolos me atemoriza dejar de ver su contexto. Aunque tuvieran los medios económicos necesarios para salir, aunque abandonasen la idea de resistir en su propio país y decidieran escapar (quizás el objetivo menos inhumano de los planes de Sharon), la inmensa mayoría de los nativos de aquí no podría hacerlo: ni siquiera pueden pasar a Israel para solicitar un visado, y los posibles países de destino (ni el nuestro, ni los países árabes) tampoco están dispuestos a acogerlos. Y así, me parece que arruinar todo medio de supervivencia después de encerrar a la gente en un redil sin salida (Gaza) puede calificarse de genocidio. Aunque lograran salir, pienso que podría seguirse calificando de genocidio. Puedes cotejar con la definición jurídica internacional de genocidio, no la recuerdo ahora mismo. Pero me creo capaz de demostrarlo mejor. No me gusta utilizar esas fórmulas tan infladas, como pienso que ya sabes de mí. Me gusta darle importancia real a las palabras que uso. Intento de verdad exponer los hechos y dejar que las personas saquen sus propias conclusiones.

Pero me estoy desviando, tan sólo quería escribirle a mi mami y decirle que asisto a este genocidio permanente y premeditado y que tengo miedo, y que me estoy cuestionando el principio de la bondad de la naturaleza humana en el que he creído hasta hoy. Hay que parar esto. Creo que sería una buena idea dejarlo absolutamente todo y dedicar nuestras vidas a parar esto. No me parece que sea una postura extremista. Quiero seguir bailando la música de Pat Benatar, tener amigos, dibujar cómics para los que trabajen conmigo. Pero también quiero que esto pare. Tengo un sentimiento de incredulidad y horror. De decepción. La decepción de ver que esto es la realidad básica de nuestro mundo, de la que somos cómplices de hecho. Esto no es para nada lo que yo quería cuando vine a este mundo, ni es para nada lo que esta gente quería cuando vino al mundo. Este no es el mundo al que tú y papá queríais que viniera cuando decidisteis tenerme. No es lo que yo pensaba cuando miré para el lago Capital y me dije “he aquí la tierra, y aquí vengo yo”. Yo no pretendía entrar en un mundo que me garantiza vivir confortablemente y en feliz ignorancia de mi participación en un genocidio. A lo lejos se escuchan más explosiones fuertes.

Cuando vuelva de Palestina tendré posiblemente pesadillas, y me sentiré culpable por no estar aquí, pero sacaré de ello energías para trabajar más. Venir aquí es una de las mejores cosas que he hecho en mi vida. Así que, si os parece que he perdido la razón, o si el ejército israelí infringiera sus propios principios racistas de no atacar a un blanco, atribuidlo al hecho de que me encuentro en medio de un genocidio, que además me obligan a apoyar indirectamente, y del que mi gobierno es en gran medida responsable.

Os quiero, a ti y a papá. Perdonadme la diatriba. Bueno, ahora unos desconocidos me acaban de regalar guisantes, así es que tendré que comérmelos y agradecérselo.

Raquel

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28 de febrero de 2003

(A su madre)

Gracias por tu respuesta a mi correo, mamá, Me ayuda mucho recibir mensajes tuyos y de las personas que me quieren.

Después de escribirte estuve sin contacto con mi grupo durante diez horas y pasé la noche con una familia que habita en la línea fronteriza de Hi Salam, que me dio de cenar y disponía de televisión por cable. Las dos habitaciones delanteras de su casa son inutilizables, porque algunos disparos han atravesado los muros, y por eso toda la familia—tres niños y dos adultos—duermen en el dormitorio de los padres. Yo dormí en el suelo junto a la hija más joven, Iman, y todos compartimos las mantas. Ayudé al hijo un poco con sus deberes de inglés, y luego nos pusimos todos a ver Pet Cemetery, que es una película de horror. Creo que todos encontraban divertido ver los problemas que yo tenía para verla. El viernes es festivo, y cuando me desperté toda la familia estaba viendo Gummy Bears doblada en árabe, así es que desayuné con ellos y me quedé sentada un rato, disfrutando en medio de un indescriptible jaleo de mantas y con una familia viendo lo que para mí son los dibujos animados de los sábados. Luego me fui andando hasta B´razil, que es donde viven Nidal, Mansur, la abuela, Rafat y todo el resto de la gran familia que me han adoptado con todo su corazón (el otro día, por cierto, la abuela me largó todo un discurso en árabe, con pantomima de soplidos y señales a su chal negro. Le pedí a Nidal que le explicara lo contenta que se pondría mi madre al saber que alguien aquí me suelta una conferencia sobre el tabaco y los pulmones negros.) Llegó también su cuñada, de visita desde el campamento de Nusserat, y jugué con su niño pequeño.

Nidal mejora su inglés cada día. Me llama “my sister”, y ha empezado a enseñarle a la abuela a decir “hello, how are you?”. Siempre se escucha el sonido de los tanques y las excavadoras que circulan alrededor, pero todas estas personas se tratan unas a otras, y a mí también, con auténtica alegría. Cuando estoy con amigos palestinos estoy menos horrorizada que cuando intento desempeñar mi papel de observadora de los derechos humanos, informadora o militante de acción directa. Esta gente es un buen ejemplo de resistencia. Sé que la situación les afecta a todos los niveles—y que puede terminar con ellos-, pero con todo me asombra su capacidad de conservar tanta parte de su humanidad: las risas, la generosidad, el tiempo para la familia...frente al increíble horror en que están sumidas sus vidas, frente a la presencia constante de la muerte. Me he sentido mucho mejor después de esta mañana. He pasado mucho tiempo escribiendo sobre la decepción que supone descubrir, a veces con tus propios ojos, el grado de maldad que las personas aún somos capaces de alcanzar. Pero ahora puedo decir al menos que también descubro un grado de fuerza y de capacidad básica para que el ser humano mantenga su humanidad en las circunstancias más horrendas, algo que tampoco había visto antes. Creo que la palabra es dignidad. Me gustaría que vieras a estas personas. Quizás algún día puedas hacerlo.

Raquel

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8 de febrero de 2003

Me ha llegado una serie de respuestas detalladas al mensaje que envié ayer, a las que en su mayoría no tendré tiempo de contestar. Gracias a todos por los ánimos, las preguntas, las críticas. El mensaje de Daniel me resulta particularmente inspirador y pienso que merece la pena compartirlo. La resistencia de algunos judíos israelíes a la ocupación de Palestina, y el enorme riesgo que corren aquellos que rehusan el servicio militar en Israel, nos sirven de ejemplo—sobre todo a los que vivimos en EE UU—para reaccionar cuando uno descubre las atrocidades que se cometen en su propio nombre. Gracias

Recibido por Raquel el 7 de febrero de 2003:

Soy reservista de las fuerzas armadas israelíes, con categoría de sargento primera. Las cárceles militares se están llenando de objetores de conciencia, y muchos de ellos son reservistas con familia. Son hombres que en el pasado han demostrado su valentía bajo fuego real. Algunos llevan más de seis meses en la cárcel, sin perspectivas de salir.
La cifra de ausencias no justificadas y rehusamientos del servicio no tiene precedentes en nuestra historia nacional, y también el número de rechazos a ejecutar órdenes que impliquen disparar sobre objetivos con posibles daños para la población civil. En el momento actual de escasez de empleo en Israel, cuando la gente pierde hogares y medios de vida por culpa del espíritu vengativo de Sharon, son muchos los soldados de carrera—entre ellos, pilotos y agentes del servicio secreto—que han optado por la prisión y el paro en lugar de aceptar lo que ellos sólo pueden llaman un crimen.
Yo en teoría tengo que pasar mis informes al Departamento de Justicia Militar: mi profesión consiste en encontrar y capturar a los soldados desertores. Llevo ahora mismo 18 meses sin hacerlo. En su lugar, estoy utilizando mi cabeza y mis credenciales para documentar en película y ver con mis propios ojos los hechos de los que el ISM y otras organizaciones internacionales acusan a nuestros soldados.
Amo a mi país, y pienso que Israel está dirigido en este momento por unos políticos nefastos. Creo que los colonos y la policía local están confabulados, y que la policía de fronteras muestra un comportamiento vergonzoso. Son motivo de sonrojo para el 40% de la población israelí, y lo serían para el 90%, si pudiera saber lo que nosotros sabemos.
Por favor, documenta todo lo que puedas y no intentes añadir valoraciones propias. Los medios de Israel actúan en toda esta situación como filtro de control muy convincente. Haz circular esta carta entre tus amigos. Entre la tropa que sirve en los territorios ocupados, muchos soldados están hartos de lo que ven.
En las fuerzas armadas israelíes existe una contraseña de honor: “tohar haneshek”. Es lo que se le dice a un camarada que está a punto de cometer algo horrible, como matar a un prisionero desarmado, o ejecutar una orden inmoral. Literalmente, significa “pureza de las armas”.
Otra frase que puede entender cualquier soldado es “degle shachor”, que significa “bandera negra”. “AtaMeTachat Degle Shachor” quiere decir “estás ejecutando una orden inmoral”. Para el soldado será tan impresionante como sorprendente oír esa frase en la boca de unos “extranjeros manipulados”.
Siempre que sea posible, intentad entablar un diálogo con los soldados. No cometáis el error de objetualizarlos, como ellos os han objetualizado a vosotros. El respeto es contagioso, lo mismo que la falta de respeto, ya sea merecida o no.
Estáis haciendo una buena labor. Gracias por ello.
Paz,
Danny

Continuación del mensaje a su madre del 28 de febrero de 2003:

Creo que yo podría llegar a ver un estado palestino o un estado democrático israelí-palestino antes de que mi vida se acabe. Creo que la libertad de Palestina sería una fuente increíble de esperanza para quienes luchan en todo el mundo, y además una enorme inspiración para los árabes de Oriente Próximo que luchan contra regímenes antidemocráticos, apoyados por los EE UU.

Espero que aumente el número de privilegiados de clase media, como tú y como yo, que cobre conciencia de las estructuras que sostienen nuestros privilegios y que comience a apoyar la labor de los no privilegiados para desmontar esas mismas estructuras.

Espero que haya más ocasiones como el 15 de febrero, cuando la sociedad civil se despertó en masa para dar una señal masiva y sonora de su conciencia, su rechazo de la represión y su compasión por el sufrimiento de otros. Espero que surjan más maestros como Matt Grant, Barbara Weaver y Dale Knuth para enseñar pensamiento crítico a los niños estadounidenses. Espero que la resistencia internacional que está emergiendo siga enriqueciendo sus análisis sobre todo tipo de temas, a través del diálogo entre diversos grupos de seres humanos. Espero que todos los que nos iniciamos ahora con esto desarrollemos mejores capacidades para trabajar en estructuras democráticas y superemos nuestras propias tendencias racistas, clasistas, sexistas, heterosexistas, de sumisión a los mayores y a los más capaces, y seamos cada vez más eficaces.

Otra cosa muy importante son las protestas públicas como la que organizamos aquí hace tan sólo unas semanas, y a la que sólo asistieron unas 150 personas. Cuando organizo o participo en un acto siempre tengo miedo de que pase desapercibido, que resulte diminuto, hagamos el ridículo y los medios se rían de nosotros. Y frecuentemente son de verdad pequeños, y los medios en su mayoría se ríen de nosotros. Pero el fin de semana siguiente a nuestro acto de protesta con 150 personas se nos invitó a otro, al que acudieron unas 2.000. Aunque la manifestación resultó pequeña y por supuesto la resonancia mediática no fuera mundial, algunos países de prensa no árabe oyeron hablar de Rafah. Colin fotografió una pancarta de la protesta en Seattle con el texto, en inglés y en árabe, “Olympia dice no a la guerra de Irak y de Rafah”. Las imágenes se insertaron en el espacio internet de “Rafah actual”, que lleva un tal Mohammed. Y la gente de aquí y de otros países han visto esas fotos.

Pienso en Glen, saliendo todos los viernes durante diez años con los carteles que llevaban la cifra de niños irakíes muertos a causa de las sanciones contra ese país. A veces la protesta consistía tan sólo en una o dos personas, todo el mundo pensaba que estaban locos, y hasta les escupían. Ahora son muchos más los que acuden a la cita de los viernes por la tarde.

El cruce de la 4ª con State suele estar lleno, y ahora cosechan un montón de bocinas de apoyo, de manos que les saludan, pulgares levantados. Han creado una infraestructura que permite a otras personas hacer algo. Les escupían, pero han hecho más sencillo para otros escribir una carta al director, participar en la organización de un acto, o hacer algo que tan sólo resulta un poco menos ridículo que ponerse en el borde de una calle protestando por las muertes infantiles de Irak, para que te escupan.

Simplemente oír lo que estáis haciendo me hace sentirme menos sola, menos inútil, menos invisible. Esas bocinas y esos saludos ayudan. Las fotos ayudan, Colin ayuda. Ni los medios internacionales ni nuestro gobierno nos van a contar que somos eficaces, importantes, que nuestra labor es legítima, valiente, inteligente o valiosa. Tenemos que decírnoslo mutuamente, y una forma de hacerlo es continuar con nuestro trabajo públicamente.

Creo también que es importante, para quienes vivimos con unos relativos privilegios en los EE UU, darnos cuenta de que las personas no privilegiadas van a seguir con su labor pase lo que pase, porque se trata de sus vidas. Podemos trabajar con ellos, y ellos sabrán que lo hacemos, o podemos dejarles solos y que nos maldigan por ser cómplices de una situación que les asesina. Y me parece que aquí no hay nadie que nos maldiga.

También me parece que esta gente en particular se preocupa más por nuestro confort y bienestar inmediatos que por el hecho de que arriesguemos la vida en su defensa. Al menos ése es mi caso: en medio de una lluvia de tiros y de explosiones en el exterior, no paran de ofrecerme té y alimentos.

Te quiero
Raquel

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El último mensaje de Raquel

Hola, papá:

Gracias por tu correo. Me parece que he estado todo el tiempo discurseándole a mamá y suponiendo que te pasaría noticias, así es que te tengo descuidado. No te preocupes demasiado por mí, mi mayor problema consiste en pensar que no estamos siendo todo lo eficaces que la situación requiere. Sigo sin tener una impresión particular de riesgo. Rafah ha recuperado algo de calma, quizás porque los militares están centrados en sus incursiones del norte—más enfrentamientos armados y demoliciones de casas, una muerte esta semana, según mis noticias—, sin tiempo para grandes ofensivas. Pero aún no sé cómo cambiará todo cuando comience, si es que lo hace, la guerra contra Irak.

Gracias también por intensificar vuestra labor contra la guerra. Sé que no es nada fácil, y seguramente mucho más difícil allá donde estáis vosotros que donde me encuentro yo. Claro que me interesaría hablar con el periodista de Charlotte—decidme cómo puedo ayudar a que sea lo antes posible. Estoy intentando hacer planes para cuando me vaya, y decidiendo la fecha de mi partida. Ahora mismo creo que mis fondos me permitirían estar hasta junio. Realmente no quisiera volver a Olympia. Pero tengo que ir, sacar mis cosas del garaje, y contar lo que he visto. Por otra parte, ya que he cruzado el océano me gustaría tanto quedarme en este lado algún tiempo más. Pienso en la posibilidad de dar clases de inglés, y me gustaría ponerme a estudiar árabe en serio.

Me han invitado también a visitar Suecia en el camino de vuelta, y creo que podría hacerlo a bajo coste. Además, me gustaría salir de Rafah con un plan realista en el bolsillo para regresar. Una de las personas fundamentales en nuestro grupo se marcha mañana—y verla despedirse me hace comprender lo difícil que esto va a ser. Los naturales de aquí no pueden salir, lo que lo complica todo. Y todos saben perfectamente que no nos pueden asegurar si seguirán con vida cuando volvamos.

De verdad, no quiero vivir con un sentimiento de culpa unido a este lugar, por mi posibilidad de venir y de marcharme tan fácilmente, sin volver a pisarlo. Creo que el compromiso personal con algunos sitios tiene un valor, y por eso me gustaría planear mi regreso a Rafah para dentro de un año o así. En fin, de todas estas posibilidades lo más probable es que pase al menos unas semanas en Suecia durante el viaje de retorno, si cambio billetes de avión y saco uno de ida y vuelta de París a Suecia, por un total de 150 dólares o así. Ya sé que debiera contactar a nuestra familia en Francia, pero me parece que no lo voy a hacer, porque creo que estaría de mal humor todo el tiempo y no lo pasaría bien. Además, ahora mismo sería para mí una transición hacia una opulencia exagerada, y yo estaría todo el rato sintiéndome culpable por pertenecer a esta clase.

Dime si se te ocurre algo para el resto de mi vida. Te quiero una barbaridad. Si quieres, puedes escribirme como si estuviera de campamento en la isla grande de Hawai, aprendiendo a trenzar hojas de palma. Un truco que uso para hacerme la vida más fácil aquí es perderme totalmente en fantasías, como la de que estoy en una película de Hollywood o en una comedia televisiva con Michael J. Fox de actor. Así que organiza lo que quieras y yo actuaré encantada contigo. Todo mi cariño, papá.

Raquel

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Rachel Corrie
Rachel Corrie was killed by an Israeli soldier driving a bulldozer.

1979 - 2003
On the 16 March, 2003, 23-year-old Rachel Corrie was crushed to death by an Israeli military bulldozer. more

Thomas Hurndall
Tom Hurndall was killed by an Israeli sniper.

1981 - 2004
21-year-old Tom Hurndall was shot in the head by an Israeli sniper on April 11, 2003. He died nine months later. more

Videos & Multimedia

Documentary – ISM Rafah - Solidarity Under Occupation

Nonviolent Protest in Bil'in, 4/17/09; Bassem Abu Rahme is Killed

3/20/2004 demonstration in Karbatha, Palestine – activists shot

View footage from 2/6/2004 demonstration at Georgetown University, USA

View footage from 12/26/2003 demonstration in Mas’ha, West Bank—Israeli activist, Gil Ne’amati, is shot

View footage from 11/9/2003 demonstration in Ramallah, West Bank

View footage from 11/9/2003 demonstration in Zbuba, West Bank

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Nonviolent Palestinian Resistance

The Palestinian Resistance: Its Legitimate Right and the Moral Duty

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Additional Resources

Palestinian Nonviolent Resistance

Charter of the United Nations

Amnesty Report – Fear for Safety

Play – My Name is Rachel Corrie

Flyer – Rachel Corrie Cards

Poster – Rachel Corrie, 1979-2003

Poster – Tom Hurndall, 21-year-old killed

Booklet – Rachel’s Letters | en español

Congressional Resolution Expressing sympathy for the loss of Rachel Corrie – Not Yet Passed

Merchandise Commemorating Rachel Corrie and Tom Hurndall

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Al Awda: The Palestine Right to Return Coalition

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